80 años de Guerra Civil en el cine

80 años de Guerra Civil en el cine

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España cumple 80 años del periodo más oscuro de su etapa contemporánea. Desde que en julio de 1936, un golpe de estado desembocara en una guerra civil, la población sufrió las consecuencias tanto del conflicto armado como la posterior represión de la dictadura.

En este sentido, la cultura también se vio coartada por este cambio. El cine español se resintió y mantiene este recelo a plasmar un suceso tan cercano como la Guerra Civil. Y es que, al igual que el resto de dictaduras occidentales de la época, el cine se convirtió en un apoyo propagandístico y de dispersión, por lo que las cintas de tintes cómicos, religiosos y de héroes nacionales se convirtieron en la prioridad del séptimo arte.

De hecho, para encontrar un vestigio gráfico de la contienda, el espectador debe buscar fuera del territorio y de la mano Ernest Hemingway, uno de los mayores documentalistas del conflicto español. Con la cinta Tierra de España (1937), dirigida por Joris Ivens, el también escritor narraba el día a día de los milicianos y los movimientos campesinos.

Precisamente ese año y desde Estados Unidos, Hollywood volvería a retratar los inicios de la Guerra Civil en Último tren desde Madrid, protagonizada por Anthony Quinn y Dorothy Lamour. En 1938, la contienda española aparecería en la gala de los Óscar por el título Bloqueo, de William Dieterle, que obtuvo dos nominaciones en estos galardones. En cuanto al argumento, el largometraje giraba en torno al amor entre un campesino y una espía.

Una vez acabada la guerra, Hemingway volvió a llevar la contienda a la gran lona. La revisión de su novela Por quién doblan las campanas (1943) lleva al espectador a las idas y venidas de un profesor americano que acaba enrolado en la zona republicana como experto en explosivos. En términos similares, en Reino Unido se estrenó El agente confidencial (1945), también basada en una novela, donde el actor Charles Boyer encarnaría a un traficante de carbón que pretende ayudar al bando republicano.

Mientras tanto, en España, el cine jugaba a dos bandas. Los sindicatos y los partidos grabaron cintas bajo los bombardeos como Aurora de Esperanza’ Barrios bajos (ambas de 1937) o Nuestro culpable (1938). Por su parte, los golpistas se apoyaron en los medios ofrecidos por el gobierno de Adolf Hitler, mucho más ricos, para rodar cintas en Alemania. Tanto en un sentido como en otro, las películas sólo servían para azuzar a los soldados.

Incluso, bajo el ideario y la pluma de Francisco Franco, el director José Luis Sáenz de Heredia, rodó Raza (1941), un título que extrae el pensamiento del dictador. De hecho, la película sería expuesta por otros gobiernos fascistas de Europa en años posteriores.

Como era de esperar, a lo largo del franquismo las cintas sobre la contienda quedarían apartadas. Hasta 1976, cuando se estrenara Las largas vacaciones del 36, es decir, la primera película sobre la Guerra Civil sin intenciones propagandísticas. Protagonizada por Ángela Molina, Concha Velasco, José Sacristán y Francisco Rabal, describe el día a día de unos ciudadanos que deciden quedarse en el lugar de vacaciones para no sufrir los efectos de la guerra.

Esa temporada también se estrenó Retrato de familia, donde el director Antonio Giménez Rico, presenta a un comerciante que debe parecer neutral para esquivar las consecuencias del conflicto. Unos años antes, Fernando Arrabal presentó Viva la muerte (1971), una película en la que la protagonista denuncia a su marido por antifancista.

A lo largo de los 80, el cine español sobre la Guerra Civil volvió a brillar con Las bicicletas son para el verano (1984), basada en la obra teatral de Fernando Fernán Gómez, que describe la vida de una familia madrileña que quiere ignorar el conflicto a pesar de los bombardeos.

Sin embargo, no sería hasta los 90 cuando los realizadores se centraran en este apartado de la historia nacional.

¡Ay, Carmela! (1990) sería la primera en abrir el periodo. Carlos Saura desarrolló la historia de un grupo de teatro que buscaban a las tropas republicanas con el fin de animarlas. Sin embargo, por error, acaban en territorio nacional, por lo que deberán cambiar los guiones de las obras y así esquivar la muerte. El título cosechó más de una docena de premios Goya.

El cine en femenino podría enmarcarse en un subgénero de esta temática española. Quizás Libertarias (1996) sea, en este sentido, la cinta más conocida. Y es que el director Vicente Aranda plasmó las desdichas de un grupo de milicianas anarquistas que se enfrentaron a los golpistas en el frente del Ebro.

En la misma línea, en 2007, el director Emilio Martínez-Lázaro llevó a la pantalla la historia de Las 13 rosas, es decir, el grupo de jóvenes, entre 16 y 29, que fueron asesinadas el 5 de agosto de 1939 por pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). En 2011, se volvería a presentar una cinta de temática carcelaria con La voz dormida, de Benito Zambrano.

De otra parte, algunos realizadores se atrevieron a añadir terror y fantasía al suceso. Álex de la Iglesia giró la tuerca con su Balada triste de trompeta, aunque su compañero mexicano Guillermo del Toro fue más allá. Con las cintas El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del fauno (2006), el realizador latino supo ofrecer una visión paralela al sufrimiento de los protagonistas.

Sin lugar a dudas, la película que mejor ha sabido recoger el desasosiego, la inocencia y la crueldad del momento es La lengua de las mariposas (1999). Quizás, una de las mejores cintas de la vejez de Fernando Fernán Gómez en su papel de profesor. La película ofrece un final de los que no se olvidan, de los que dejan el nudo en la garganta. Al fin y al cabo eso se debe sentir ante una guerra. Recordarla, llorarla y aprender para escribir nuevos guiones mejores.