Blue Ruin, Green Room y otros colores de Jeremy Saulnier

Blue Ruin, Green Room y otros colores de Jeremy Saulnier

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Dice Jeremy Saulnier en casi todas sus entrevistas que no tiene intención de hacer una “trilogía de colores”. Que es que ni siquiera quería hacer una bilogía. Dice que es todo casualidad, que los colores en sus títulos obedecen más a expresiones relacionadas con el tono de la cinta que a la necesidad de conectarlas entre ellas.

Si lo dice Saulnier es que es verdad. Blue Ruin (2013) —que no es técnicamente su ópera prima aunque él la sienta así— significa “debacle” o “desolación”. Una autoprofecía (quizás mejor decir spoiler) de lo que nos traerán los siguientes 90 minutos. Green Room (2015) —la cinta que lo ha hecho conocido en todo el mundo— tiene un título mucho más práctico. Hace referencia a la habitación donde las bandas pueden descansar antes de su actuación, reforzando el marcado carácter punk que encontramos en el póster.

Pero aunque lo de la trilogía no sea cierto (o al menos intencional) sigue habiendo muchos críticos que no se lo creen y es que es difícil no ver semejanzas entre la cinta azul y la verde. Quizás se deba a que Saulnier es un autor. A que él mismo escribe, dirige y se encarga de la cinematografía de sus películas, siempre acompañado de un estrecho grupo de colaboradores, con el que es evidente que se siente muy a gusto.

Como pasa en el de los Coen, el universo de Saulnier tiene sus propias reglas que parecen cumplirse de forma estricta: el diálogo es algo preciadísimo por su escasez, la violencia busca ser realista y en ningún momento se hace concesión alguna al espectador. Los personajes se relacionan entre ellos de manera natural y no como si alguien ávido de información los estuviera mirando, por lo que es necesario un esfuerzo activo y prestar una especial atención al detalle si es que se quieren encajar hasta las piezas más pequeñas.

Blue Ruin y Green Room, además, parecen un proyecto maquinado especialmente por el director para poder aplicar su estilo a diferentes géneros. En Blue Ruin vemos la visión de Saulnier aplicada al subgénero de venganza mientras que en Green Room se ajusta al siempre efectivo thriller de superviviencia.

Dos obras en las que uno de los directores que tienes que conocer nos enseña todo su potencial.

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Quizás el mayor logro de Blue Ruin sea el de saber aprovechar al máximo los recursos (e ingenios) típicos del cine independiente. Eso y su protagonista, el desconocido Macon Blair (colega del instituto de Saulnier) que crea el personaje sobre el que el director apoya toda la cinta.

Algo tienen sus primeros 15 minutos que me fascinan. Muchos silencios y planos larguísimos cargados de información que nos ayudan a conocer a Dwight sin revelarnos nada del misterio que nos atará a la película. No es sólo que las escenas iniciales nos presenten al personaje principal, es que consiguen hacernos sentir como él. Sentir su soledad y el vacío que se ha autoimpuesto en la vida, así como compartir su sufrimiento (aunque no sepamos muy bien lo que lo causa). Por eso nos fascina tanto verlo tan impresionado cuando la policía le informa de que un conocido va a salir de la cárcel. Cuando Dwight se revela como un maquinador e inicia su plan de venganza.

De forma inteligente, el guión de Saulnier se guarda cuál es el motivo de la venganza hasta casi el final del metraje, supongo que porque busca que los espectadores habituados al ritmo más veloz, propio del cine de acción, permanezcan interesados. Por otra parte, el que Dwight nunca sea presentado como un héroe arquetípico de este tipo de historias, le ayuda a mantener la tensión reduciendo al mínimo la acción real que vemos en pantalla.

Y es que, buscando de forma activa el realismo, vemos a Dwight cometer numerosos errores en su plan, la mayoría debido a la inexperiencia y los nervios. Sin embargo, para entonces nuestra relación con el protagonista es ya tan sólida que más que desesperarnos —como pasa con en ocasiones con los jóvenes protagonistas en la cintas de horror— nos hacen acercarnos más a él y apoyarlo de forma incondicional.

Como pasaría en Green Room, la violencia en Blue Ruin, a pesar de ser muy contenida y gráfica solamente en momentos claves, inunda toda la atmósfera volviéndola incómoda y muy visceral.

Y no se puede hablar de la cinta sin destacar la brillantez y personalidad de su plano visual. Pocas películas con el mismo presupuesto —poco más de un millón de dólares—han conseguido tantos fans dispuestos a imitar sus planos y su fotografía.

Todos estos elementos, con los que Saulnier dio un golpe en la mesa, los encontramos en su siguiente película. Un survival que se cuela en mi lista personal de lo mejor del año.

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Según el propio Saulnier, la producción de Blue Ruin y la de Green Room no pudieron ser más diferentes. En la primera no sólo tuvo total libertad sino que además sentía que tenía muchas menos responsabilidades. Blue Ruin estaba prácticamente autofinanciada y no tenía ningún gran nombre arriesgándose por él.

Green Room quintuplica en presupuesto a su cinta anterior —aunque este presupuesto sigue siendo minúsculo para lo que suelen costar la películas—, tiene un reparto conformado por actores conocidos y está producida casi en su totalidad por Broad Green Pictures, conocida por el cuidado que muestra en lo que respecta a la calidad de su catálogo. Saulnier asegura que todo esto lo afectó enormemente a la hora de enfrentarse al proyecto aunque a los espectadores nos resulte difícil de apreciar.

En Green Room encontramos todos los elementos que funcionaron tan bien en Blue Ruin. Empieza sin dar rodeos, directa al grano, mostrándonos solo lo indispensable para poder seguir la historia. Ninguna escena sobra ni está puesta por rellenar lo que hace que la atención no pueda decaer en ninguno de los momentos si queremos terminar el visionado con todas las claves de la historia. Los protagonistas se hacen reconocibles (e importantes) sin convertirse en clichés, lo que sucede también con todo el grupo de nazis que pretenden eliminarlos.

Aunque el ritmo es mucho más rápido y menos contemplativo que el de Blue Ruin, la cinta no consigue ser tan cruda como su predecesora y es difícil adivinar el por qué. Con cinco protagonistas, Saulnier tenía muy limitado el número de muertes y escenas sangrientas que podría presentar en pantalla y en vez de utilizar esto para crear secuencias de mucha tensión con muertes inolvidables e impactantes (típicas del género), Saulnier elimina a sus personajes de forma rápida y sin intentar hacernos sufrir. Una decisión consecuente con su búsqueda de realismo pero que resulta ser el mayor defecto en, por lo demás, una cinta brillante.

Green Room sale hoy en DVD y Blu Ray en España gracias a La Aventura Audiovisual, que sigue empeñada en acercarnos buenos títulos que de otra forma pasarían desapercibidos. Entre sus extras podremos encontrar una entrevista de Saulnier en Sitges y mucha información sobre la cultura punk que inspiran la película (y que el director vivió de primera mano durante su adolescencia). No os podéis perder uno de los títulos clave de este 2016.