El Nacimiento de una Nación, de David Wark Griffith, es una de las películas más importantes de la historia del cine, no sólo por su duración -la más larga realizada hasta el momento-, sino también por la introducción de técnicas de filmación novedosas.
Sin embargo, comencemos por el argumento. Posiblemente, la polémica de su sinopsis sea uno de los puntos más famosos de la cinta, y es que se puede entender como una exaltación del Ku Klux Klan. El guión parte el intento de introducir a la raza negra en la vida política de América; de hecho, este sector de la población logra parte de los escaños en la administración pública. Evidentemente, la imagen de estas personas no es la más agraciada, ya que debaten mientras comen, beben y son maleducados. De hecho, por este aspecto peyorativo, Griffith lo tuvo complicado a la hora de encontrar actores negros que quisieran participar en su largometraje, por lo que tuvo que pintar con betún a algunos intérpretes blancos.
De otra parte, la línea argumental gira en torno a dos familias, Norte y Sur, convirtiendo la escena en una especie de Romeo y Julieta. Las diferencias entre ambos linajes apuntan a los dos pensamientos predominantes en los Estados Unidos de la época, es decir, la visión del hombre negro como ser inferior frente al trato igualitario. En este entramado, aparece un coronel bien avenido y de la clase burguesa; sin embargo, su vida dará un vuelco al ver cómo su hermana fallece tras ser perseguida por un hombre de raza negra. Desde este momento de la cinta, el protagonista busca saciar su sed de venganza e impedir que su historia se repita. Para ello, el militar decide unir a todos los clanes del KKK, con los que intentará dominar a los negros sublevados. La escalada de tensión y violencia será una constante a lo largo de toda la película, hasta acabar en una refriega entre ambos bandos.
Con una sinopsis de tales características, no es de extrañar que algunas salas de cine no se atrevieran a proyectar el film; incluso, el movimiento racista más extremo sintió una llamada a las filas, rebrotando algunos hechos violentos entre ambos sectores de la población. A pesar de esta polémica, los cinéfilos siguen viendo esta obra como un punto cumbre de la historia del ramo, ya que impulsó el lenguaje cinematográfico tal y como lo entendemos en la actualidad.
Griffith contó con una base para inspirarse técnicamente, ya que era un fiel seguidor de las películas italianas anteriores a su obra, como es el caso de Quo Vadis? (1913) de Enrico Guazzoni, que era la película más larga de su momento, la primera superproducción y el primer gran éxito de masas. La misma admiración la trasladó a otros títulos como Cabiria (1914) de Giovanni Pastrone. Esta influencia se puede observar en el gran despliegue de medios y extras que tuvo que organizar Griffith para realizar su obra.
Otra de las rupturas de esta película fue la utilización masiva de planos, desde detalles hasta recoger grandes superficies. De esta manera, se vuelca la manera de filmar, abandonando la herencia del teatro en el que la cámara apenas se despegaba de un punto fijo. En conclusión, se trata de una película digna de estudiar, al menos, por su parte más académica, ya que el tema debería ser visto como algo accesorio por un espectador actual.










