La Mirada Violeta: Andrea Arnold

La Mirada Violeta: Andrea Arnold

Andrea Arnold

La Mirada Violeta es el nombre del monográfico con el que mes tras mes, Objetivo:Cine se reafirma en su compromiso de reivindicar y analizar el cine dirigido por mujeres. Anteriormente hemos tratado la filmografía de Sofía Coppola, la historia de las pioneras en el cine y hemos repasado la obra de la también actriz Melánie Laurent. La protagonista de esta nueva entrega es también europea. Le toca el turno a la británica Andrea Arnold.

Andrea Arnold comenzó su carrera como actriz y guionista y no fue hasta que se encontraba cercana a los cuarenta años que comenzó a interesarse en la dirección. Sus tres primeros cortometrajes, Milk (1998), Dog (2001) y Wasp (2003) no pasaron desapercibidos y contaron tanto con una amplia distribución como con la distinción de varios galardones. Destaca, sobre todos, Wasp, la historia de una madre soltera con cuatro hijos a los que no puede mantener y a los que niega, repetidas veces, sospechando que su exnovio dejará de estar interesado en ella de enterarse de que son suyos. Wasp, que ganó el Oscar a mejor cortometraje el año 2003, tiene mucho de los elementos que caracterizarían después el cine de Arnold: desde una banda sonora prácticamente inexistente, a la elección de una mujer joven y pobre como protagonista, pasando por la frialdad y el realismo protagonistas de muchas de sus creaciones.

Son cuatro los culpables del salto al cine de Arnold: el productor Gilliam Berrie y los guionistas y directores Anders Thomas Jensen, Lone Scherfig (de la que hablaremos, seguro, en uno de nuestros monográficos) y Lars von Trier. El grupo desarrolló el concepto de Advance Party, una serie de tres películas experimentales que deberían ser dirigidas y producidas por debutantes que estarían obligados a basar sus historias en unos personajes previamente creados por Scherfig y Jensen. Estos personajes, por si fuera poco, estarían interpretados por los mismos actores en todos los films.

El Advance Party no llegó a completarse en totalidad —sólo se terminaron dos de las tres películas proyectadas—, pero sirvió para dar a Arnold un más que sólido debut. En Red Road (2006), una cinta que fácilmente podría calificar para una segunda parte de nuestro artículo sobre películas buenas que es posible que no conozcas, Arnold se muestra no sólo como una cineasta con talento sino como una creadora con mucha personalidad.

Red Road

Red Road es la historia de Jackie, una mujer solitaria —aunque con deseo de socializar— que trabaja en el centro de vigilancia callejera de Glasgow. Durante uno de sus turnos, Jackie ve a través de la cámara a un viejo conocido, Clyde, que ha salido de prisión por buena conducta mucho antes de lo que le tocaba. Jackie se obsesiona con el hombre, observándolo sin descanso en sus horas de trabajo y siguiéndolo a todas partes durante su tiempo libre. Poco a poco iremos descubriendo quién es este hombre y el plan que Jackie ha puesto en marcha en consecuencia.

Todas las señas de identidad que van a definir la carrera de Arnold como directora están presentes en este debut. De su época como cortometrajista, Arnold se trae el corte experimental y el interés —desde el respeto y la documentación—de la clase más desfavorecida. Sus personajes son complejos y en ocasiones lógicamente contradictorios, a pesar de esto, las explicaciones son entregadas visualmente y rara vez se recurre al diálogo.

Red Road intenta ser realista a toda costa y prescinde de todo lo que podría considerarse superficial o pretendidamente artístico. No destaca la fotografía, ni la música —que no hace acto de presencia ni siquiera en las escenas más dramáticas— y prefiere sustentarse en unas interpretaciones más que sólidas y en las que se aprecia mucha improvisación. La frialdad es otra de las características del cine de Arnold que parece preferir que el público se involucre gracias a la historia o a su afinidad por los personajes más que por el uso de otro tipo de artificios (diálogos, close ups…).

Ya podemos ver aquí una de las figuras recurrentes de Arnold: las metáforas sobre la naturaleza. Es común en su cine que las protagonistas se identifiquen con animales a pesar de que dos de sus tres películas se ambientan en un paisaje urbano. En Red Road vemos a Jackie especialmente interesada en una vieja perra moribunda pero la metafora no acaba aquí ya que podemos oír varias veces —en escenas claves— a zorros “ladrando”. Estando estos animales tan relacionados con la astucia y la planificación y estando siempre presentes en escena los mismos personajes cuando se dejan oír, no podemos sino maravillarnos ante la atención al detalle de la directora.

La mayor diferencia entre Red Road y el resto de la filmografía de Arnold es el final. Por primera y última vez hasta la fecha, la directora nos entrega un final esperanzador que nos alivia después de las escenas más dramáticas.

Por otro lado, no es de extrañar que Red Road haya pasado desapercibida de cara al público. El misterio sobre el que se sustenta la cinta puede ser resuelto en la primera media hora si se está lo bastante atento y, a partir de ahí, el resto de la película se desinfla con una más que evidente falta de ritmo. No puedo dejar de pensar en lo mucho que hubiera ganado la historia de haber sido un cortometraje. No obstante, sigue siendo una ópera prima más que sólida sobre la que apoyar lo que vino después. Su cinta más exitosa hasta la fecha: Fish Tank (2009)

Fish Tank es un coming-on-age que se siente diferente, no sólo por tener a una chica como protagonista sino también por estar escrito por una mujer. Como casi todas las cintas del género, nos muestra a una adolescente, en este caso de 15 años, enfrentándose a las nuevas situaciones que requiere la etapa adulta para las que aún no está enteramente preparada. Además de todo esto, Mia, la protagonista, no cuenta con casi ningún apoyo. Su madre parece estar más interesada en los hombres (especialmente en su nuevo novio Connor), su padre está ausente. Mia ha sido expulsada del colegio por su agresividad y no parece tener demasiadas amigas, por suerte, el novio de su madre parece ser un buen tipo que la anima a salir de su zona de confort y bailar.

A pesar de lo que pueda dar a entender el argumento, Fish Tank está lejos de ser un cuento en donde la protagonista mejora su situación a base de esfuerzo. Lo único que hace feliz a Mia en su vida es el baile y desde el principio Arnold nos deja muy claro que la adolescente es especialmente mala en ello y que es imposible que acabe dedicándose a lo que tanto desea. Precisamente por eso, el personaje de Michael Fassbender comienza a resultarnos espeluznante en según qué escenas.

La actriz principal, la debutante Katie Jarvis, no puede ser más natural. Arnold se la encontró en una estación de tren discutiendo por teléfono con su novio. En ella vio el espíritu de Mia que no conseguía encontrar en el casting. Es exactamente este espíritu el que durante todo el metraje se relaciona con un caballo salvaje al que unos gitanos mantienen atado y que Mia se ha empeñado en liberar.

Fish Tank es una película dura. en la que cada escena divertida o alegre no tarda en ser sepultada por el drama más sobrecogedor. Drama bien rodado, nada forzado ni sentimentaloide, con un final contundente que puede llevarte a engaño en el primer visionado.

Con esta cinta Andrea Arnold ganó un Bafta y el premio del jurado en el festival de Cannes entre otros mucho galardones (que tampoco quisieron olvidarse de Jarvis).

Para su próximo proyecto, sin embargo, Arnold se alejó de las ciudades y de la clase obrera para firmar la enésima adaptación de uno de los más famosos clásicos de la literatura: Cumbres Borrascosas (2011).

Cumbres Borrascosas 2011
La productora británica Film4 había gastado años intentando llevar de nuevo a las pantallas la famosa novela de Emily Brontë. Tras tener a más de tres directores asociados al proyecto decidieron dejarlo en manos de Arnold que, junto con la guionista Olivia Hetreed, devolvió la que es la adaptación más diferente y a la vez más fiel que se ha hecho hasta la fecha.

La polémica empezó poco después de que Arnold se adscribiera al proyecto. Dado que ninguno de los actores que habían sido seleccionados para interpretar a Heathcliff lograba convencerla del todo, amplió el casting buscando a hombres de razas diferentes a la blanca (especialmente mestizos), escogiendo posteriormente a dos actores negros para el papel.

Este gesto no gustó a los más purista pues, si bien en la novela la raza no es mencionada (se presupone blanco), sí es cierto que en todas las adaptaciones anteriores el personaje ha sido interpretado por un actor blanco (Lawrence Olivier, Ralph Fiennes, Tom Hardy…).

Aun así, es entendible el gesto de Arnold como una forma de mostrar lo “diferente” que es Heathcliff de sus hermanos adoptivos.

Otra de las decisiones polémicas de Arnold fue la de desromantizar la figura de su protagonista. Mientras que las anteriores adaptaciones de Cumbres Borrascosas hacen especial hincapié en el romance y lo colocan en el centro de la trama, la cinta de Arnold pone el foco sobre la caracterización, la obsesión y la violencia salvaje de sus personajes.

El Heathcliff de Arnold es tan brutal, vengativo, posesivo y violento como el de la novela y se encuentra lejos de la figura trágica y perdidamente enamorada que dejan ver las otras versiones. La crueldad que muestra hacia los animales es, en algunos puntos, difícil de ver y consiguen el propósito de evitar que empaticemos con un hombre que es, al final, despreciable.

La primera parte de la adaptación bien podría ser considerada una obra maestra. Con una fotografía exquisita, que saca especial partido de la campiña en la que se ubica la acción, unas interpretaciones sutiles, que dicen más con los silencios y las miradas que con palabras y un montaje muy cuidado, la Cumbres Borrascosas de Arnold se convierte en una obra hipnótica que da mucho a cambio de tu atención.

Sin embargo, todo decae un poco en la segunda parte en la que tanto Cathy como Heathcliff, ya de adultos, comienzan a sentir la necesidad de expresarlo todo en unos diálogos que encantarán a los fans más acérrimos de Christopher Nolan.

Toda la parte final de la novela (la siguiente generación) ha sido obviada en esta adaptación, así como muchas de las escenas claves (todas las referentes a las subtramas paranormales) pero, a pesar de todo esto, nunca otra adaptación de la novela había conseguido reflejar tan bien las complejas personalidades de Cathy y Heathcliff ni había sabido plasmar con tanta fidelidad las bases de su relación.

Arnold hizo aquí un arriesgado movimiento, convirtiendo la historia de Brontë en la suya propia y poniendo, lo que para muchos fans es demasiado, de su propia personalidad como autora.

Considero que Cumbres Borrascosas es una buena adaptación y, sobre todo, una cinta infravalorada. Llena de detalles y símbolos —Arnold añade los suyos propios a los creados por la autora original— es una pieza en la que casi cada escena puede ser analizada y desarrollada. La frialdad que la directora exige a sus personajes queda de sobra compensada con la fuerza de la naturaleza que parece mimetizar el alma de protagonista.

No obstante, y a pesar de estar basada en un material tan conocido, Cumbres Borrascosas es la obra menos accesible de Arnold. Su ritmo lento y su obsesión por la cinematografía la alejan de buena parte del público.

Esto parece querer evitar Arnold en American Honey (2016), ganadora del premio del jurado en el festival de Cannes de este año y aún pendiente de estreno en todo el mundo.

Según lo que puede intuirse en el trailer, Arnold vuelve sobre sus pasos hasta el que ha sido su mayor éxito y quiere volvernos a deleitar con un salvaje coming-on-age, esta vez en tierras americanas. ¿Conseguirá Star recuperar a los fans que se emocionaron con la historia de Mia? En unos meses lo descubriremos.

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