La Mirada Violeta: Mélanie Laurent

La Mirada Violeta: Mélanie Laurent

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Mélanie Laurent

Por supuesto que te suena Mélanie Laurent. La has visto en películas como Beginners (2010), Ahora me ves (2013) o Enemy (2014) y es más que seguro que la recuerdas como Shosanna Dreyfus en la maravilla de Tarantino que es Malditos Bastardos (2010). Sin embargo, Laurent es una artista tridimensional y combina la actuación con la música (tiene un disco titulado En t’attendant), el teatro, la escritura y la dirección.

Quizás sea cuestionable el por qué, cuando por su juventud tan sólo ha dirigido tres películas —una de las cuales es un documental en el cuál sólo ha prestado ayuda— la he escogido como protagonista de esta tercera entrega de «La Mirada Violeta». Parece que Laurent aún tiene mucha carrera por delante y quizás pienses que hubiera sido más interesante elegir a una realizadora con más trabajo a sus espaldas. Puedes que tengas razón, no obstante, la filmografía como directora de Mélanie Laurent, a pesar de ser corta, muestra un evidente interés por contar historias sobre mujeres.

Estando estos monográficos especialmente dedicados al cine hecho por mujeres he creído interesante hablar de una mujer que, cuando hace cine, quiere pone el foco precisamente sobre nosotras. Contar nuestras historias. Representarnos en pantalla. Y, oye, que si además os descubro una faceta de Laurent que os era desconocida, pues mejor. Mucho mejor.

les adoptés

Con tan sólo un cortometraje como práctica —cortometraje que, todo hay que decirlo, no destaca por su calidad—, Mélanie Laurent debutaba como guionista y directora con el drama Les adoptés (2011) tan sólo un año después de que Tarantino la hiciera mundialmente famosa. Parece evidente que esta fama tuvo un gran peso a la hora de buscar productores que, no contentos con que la francesa escribiera y dirigiera la cinta, exigieron que la protagonizara como forma de llevarla a un público mayor.

En Les adoptés conocemos a dos hermanas, Marine y Lisa (Laurent), que viven junto con el hijo pequeño de la segunda, al que ambas crían. Las dos están muy unidas a su madre, Millie, que adoptó a Marine cuando tenía 9 años, después de que se quedara huérfana tras un accidente. Cuando Marine conoce a un hombre y pretende irse a vivir con él, la dinámica familiar se trastoca.

No puede decirse que Les adoptés sea una película especialmente original pero sí que destaca en cuanto a su sensibilidad y su especial uso de la perspectiva. El primer tramo, narrado por Marine, se contagia del romanticismo de su protagonista y todo, desde los montajes de acciones cotidianas hasta los diálogos, están recubiertos de una cierta mágia muy propia de los libros que Marine no puede dejar de leer.

Esta primera parte brilla en muchos sentidos. En cierto momento oímos a Marine diciendo de una historia que “lo importante es lo que no cuenta” y eso mismo sucede en su tramo. Vemos a Marine y a Alex cenando, los vemos jugando y haciendo el amor pero jamás vemos sus peleas a pesar de que deben ser numerosas (en cierto momento ella le pregunta si él cree que se pelean demasiado) al igual que se intuye, aunque no se ve, los problemas que la joven tiene con los amigos de su novio.

El segundo tramo, como no puede ser de otra manera cuando el drama golpea la vida de Marine, corresponde a Lisa. La personalidad cínica y negativa del personaje de Laurent influye en todo, incluido la fotografía. Resulta de lo más interesante el contraste entre la forma de narrar que tiene la realizadora según use uno u otro personaje. Sin entrar en spoilers, ya que es una cinta que no ha tenido recorrido en España, sí me gustaría decir que el tercer bloque, el de Alex, se muestra tan confuso y perdido como el propio novio de Marine.

En Les adoptés se aprecia perfectamente cuales son los intereses cinematográficos de la directora: los personajes femeninos bien delineados y la estética. A diferencia de otros realizadores, más centrados en la fotografía, la atracción hacia lo visual que presenta Laurent se expresa por medio de la composición: desde planos amplios donde los personajes se ven rodeados de un tranquilizador y hogareño vacío a planos divididos que no siempre pretenden mostrarnos reacciones opuestas.

Todos estos elementos están presentes en su siguiente obra Respire (2014) una cinta tan perturbadora y deslumbrante como femenina.

Respire

Respire esta basada en la novela del mismo nombre de Anne-Sophie Brasme. La propia Laurent se escargó de adaptar esta mirada a las relaciones tóxicas que tiene muchas más lecturas de las que se ven a primera vista.

La protagonista de Respire es Charlie, una estudiante de instituto de 18 años que inicia una amistad con Sarah, la chica nueva, una joven rebelde que ha vuelto a Francia después de vivir con su madre en África. Desde el principio Charlie se muestra totalmente fascinada con su amiga. Sarah es guapa, ha viajado, sabe más de sexo y de maquillaje y parece conseguir todo lo que se propone. Sin embargo, como comienza a descubrir tras invitarla a unas vacaciones familiares, también requiere de constante atención y las “ofensas” de Charlie son castigadas de forma sutil y retorcida. Sarah pone en práctica un juego de castigo y recompensa que acabará, para pesar de Charlie, con la amistad entre las chicas.

Son muchas cosas las que me fascinan de Respire. Para empezar el que sea una historia con la que cualquier mujer se puede identificar. La amistad entre adolescentes está perfectamente reflejada en los primeros minutos en los que con varios montajes de escenas cotidianas, Laurent nos narra el acercamiento de las chicas. Estoy convencida de que cualquier mujer tiene anécdotas parecidas a las de Charlie y Sarah y no me cabe duda de que han tenido conversaciones similares.

También me gusta cómo trata el tema del abuso. No sólo vemos la tóxica relación entre Sarah y Charlie sino también la dañina interacción entre los padres de la segunda que tiene la función de actuar como espejo. Charlie y su madre se comportan exactamente igual, volviendo una y otra vez a la persona que les causa tanto daño y culpándose por su actitud. Además, nunca se victimiza a ninguna de las dos mujeres ni da la sensación de que su persona se reduce a la relación con su abusador.

Las demás razones por las que no puedo parar de recomendar la cinta son algo más técnicas. La composición es muy equilibrada y hace un uso muy interesante de la pantalla partida. El ritmo y la tensión parecen ir siempre en aumento para culminar con un final que nos horroriza y nos fascina y que funciona, precisamente, por lo bien que está rodado.

En el 2015 Laurent participó en el documental Mañana un intento de mostrar las soluciones al calentamiento global de forma positiva y cercana. Aquí no se aprecian ninguna de las características de sus cintas anteriores pues, a fin de cuentas, es una codirección con el desconocido Cyril Dion que también guioniza.

En este momento Mélanie Laurent no tiene listado ningún proyecto futuro como realizadora e incluso sus apariciones como actriz se encuentran limitadas. Es una pena. Desde Objetivo:cine le seguiremos la pista en cualquiera de sus dos facetas. Puede ser que en Francia se rían un poco de su egocentrismo y su auto percepción como “artista” pero, eh, no podemos negar que la mujer tiene talento.

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