El cine en 3D es más que una realidad, está totalmente implantado, con cada vez más salas en toda España, y un buen puñado de películas estrenadas en este formato cada semana. Un gran negocio para todos -productoras, distribuidoras y, por supuesto, exhibidores-, pero ¿lo es también para el espectador, que a fin de cuentas, es el que paga? Yo lo tengo bastante claro, la respuesta es NO.
El marketing, la publicidad y la más que evidente posibilidad de negocio han hecho del cine en 3D una gran novedad para el espectador. Para el que no lo sepa, la primera película proyectada en 3D data del año 1922, por lo que de “gran novedad”, nada. Desde entonces ha llovido mucho, y el 3D ha pasado por diferentes estados, pero ninguno tan exitoso como el actual, gracias a su padrino James Cameron, el gran impulsor de este formato en el nuevo milenio.
Si analizamos objetivamente el cine en 3D podremos encontrar bastantes más inconvenientes que ventajas, si es que realmente tiene alguna. Muy pocas películas realmente, a día de hoy, merecen la pena verlas en 3D. Sobre todo, porque la inmensa mayoría son películas rodadas en 2D y convertidas a 3D, lo cual sale más barato (pero las entradas a nosotros nos cuestan igual de caras), por no hablar de los infames reestrenos, que en esta época de falta de ideas es una verdadero acicate para los espectadores. Se nota mucho cuando esto ocurre, ya que la sensación no es la misma, los fondos están demasiado desenfocados para conseguir el efecto y con la más mínima variación de la perspectiva pierde la nitidez. Sin mencionar la calidad real de la película, ya que muchas de ellas están realizadas con el único objetivo de comercializar el 3D, sin preocuparse por trabajar el argumento o cualquier otro “detalle” destacable.
Alguien dirá, “sí, pero películas como ‘Avatar‘ (2009) o ‘La invención de Hugo‘ (2011) merecen la pena, y están rodadas con cámaras 3D de última tecnología, y tal…” Tras ver ‘Avatar‘ en ambos formatos y ‘La invención de Hugo‘ en 3D, puedo afirmar categóricamente que el 3D es una opción totalmente prescindible. Inevitablemente se pierde brillo e iluminación (más que nada porque las gafas tienen que ser oscuras), lo cual, ya de entrada, para una película como ‘Avatar‘, donde uno de los puntos fuertes es la creación de un planeta tan colorido y brillante como Pandora, parece una contradicción. En planos cortos la falta de nitidez es más que evidente, y hay momentos (sobre todo en ‘La invención de Hugo’) en las que apenas se nota el efecto. Por tanto, ¿Por cuatro secuencias espectaculares (en cuanto al uso del 3D) merece la pena ver una película de más de dos horas en este formato?
Entrando en problemas menores (que no menos importantes) podríamos hablar de la molestia que supone tener que ver la película con unas gafas. Para quien ya tenga gafas de vista, la cuestión que se plantea es sacrificar nitidez de visión por comodidad o realizar un incómodo sandwich con ambas gafas, confiando en no partirte la nariz. Todo eso, por no hablar del precio (dos entradas, más la compra obligatoria de las gafas en Yelmo Cines, -ojo, contando con la tarjeta de Yelmo Cines- por 19€). Y, sinceramente, ¿merece la pena el resultado?¿Es tan espectacular el uso del 3D? Cansa bastante más ver una película en 3D que en 2D. Es más incómodo y al contar con algo externo, impuesto y añadido, le resta credibilidad, esa posibilidad de inmiscuirte en el relato y evadirte por completo. La famosa catársis del cine.
Películas como ‘Furia de Titanes‘ (2010) o ‘Alicia en el País de las Maravillas‘ (2010) de Tim Burton fueron verdaderos despropósitos, pues además de ser películas mediocres e infumables, el 3D era lamentable. A pesar de ello, récords de taquilla, auténticos éxitos comerciales. Una vez más, consumiendo 3D fomentamos que se prime el estar presentada en este formato por encima de que se trate de una buena película en todos sus aspectos. Se trata de un negocio que está funcionando a la perfección para todas las partes implicadas, pero ¿Y a nosotros?¿Nos compensa? Yo soy un apasionado del cine, voy todas las semanas y aporto mi granito para que la máquina de sueños siga funcionando, y no estoy, ni mucho menos, en contra de la evolución tecnológica en el cine (no lo estoy siquiera en el fútbol), pero, en lo que sí estoy en contra es en la utilización del espectador, el engaño y el hacer las cosas por el simple hecho de sacarnos los cuartos. Tengamos un poquito de criterio y analicemos las cosas como realmente son, no como nos las quieren vender.















