Wes Anderson es un director peculiar, con una serie de rasgos estilíticos y artísticos que hacen facilmente reconocible su obra. Precisamente esa peculiaridad, la de ser un cineasta fuera de lo común, es el secreto de su éxito (entre otras muchas cosas) y que, como suele ocurrir en estos casos, tenga prácticamente tantos admiradores como detractores. De lo que no cabe duda es que Moonrise Kingdom es una película puramente de Wes Anderson, aunque con una mejor mezcla entre sus excentricidades características y un carácter más comercial, por así decirlo.
La primera secuencia es toda una declaración de intenciones, y además una metáfora de la forma en que funciona la película. Junto a un plano secuencia lateral, escuchamos la grabación de un concierto didáctico, en que cual se nos explica los diferentes instrumentos, y su función, de los que se compone la orquesta. Al igual que en una orquesta, en Moonrise Kingdom los personajes se agrupan en pequeñas unidades para componer un todo, la película, que tiene en su máximo exponente a la pareja protagonista, Jared Gilman y Kara Hayward. Moonrise Kingdom se trata, enteramente, de una película de personajes, en los cuales recae toda la responsabilidad del film.
Wes Anderson nos cuenta una historia de amor, dulce y puro, entre dos jóvenes preadolescentes de doce años, que convierten esta historia en una aventura fantástica y divertida. Pero también nos habla de la soledad, de dos personas aisladas, sin amigos (como se dice, literalmente, a lo largo del metraje), que se encuentran el uno al otro, y solo desean estar juntos, a pesar de todos los inconvenientes. Se trata de una bella historia, con un toque de melancolía y tristeza que se superpone en todo momento. Por eso me causó extrañeza ese final tan idílico, de cuento infantil, pero por otro lado, me parece un final perfecto para lo que se narra, dándole un toque de positivismo y alegría que nunca viene mal.
La cinta esta regida en todo momento por el sentido estético de Wes Anderson, corroborada por una fotografía más que correcta. Vemos un tono amarillento y cian que impregna toda la obra, un estilo muy de moda en estos momentos, sobre todo en publicidad. A este respecto, algunos momentos absurdos o excentricidades, recuerdan a otra serie de películas, como puede ser la española El milagro de P. Tinto (1998), o incluso los spots de Aquarius.
Anderson crea un mundo propio, donde cada actor tiene su momejnto para lucirse, pero en el que destacan, sobre todo, los dos protagonistas. Realmente el peso de la historia recae sobre sus hombros, y el resto de personajes lo que hacen es potenciarlos. Todos los actores están correctos, pero destacan, sobre todo, Edward Norton, que da una credibilidad completa a su personaje, y Jason Schwartzman, con una breve pero espectacular aparición, siempre la parte en la que participa una de las más divertidas de la película. Por otro lado, hablamos de una película con multitud de referencias, sobre todo en lo que atañe a todo lo que ocurre con los boy scouts. Y, como colofón final, la extraordinaria partitura del siempre genial Alexandre Desplat, con un tema principal impactante.
En definitiva, como ya hemos comentado, se trata de una película muy de Wes Anderson, con todos sus rasgos característicos (la extravagancia, el fetiche por los objetos…), con actuaciones correctas y que nos deja dos nuevos actores a tener en cuenta. Posiblemente la opción más interesante de la actual cartelera en España, muy maltratada por la falta de estrenos interesantes y la Eurocopa de fútbol. Es de agradecer que en estos momentos haya sitio para cuentos como este, para una película con tanto amor y que, por desgracia, se hace demasiado corta.
Tráiler español de lo nuevo de Wes Anderson, ‘Moonrise Kingdom’ en Objetivo:cine












