Existe un (selecto) grupo de cineastas que han hecho historia en el cine, ya sea con excelentes películas de género o con un estilo tan particular que han creado escuela, pero que de un tiempo a esta parte se han relajado, por así decirlo, y han perdido todo (o casi) lo que les hacía especiales. Se han embrutecido, y vaciado todo su talento. No creo que se sorprenda nadie si tras esta pequeña reflexión sale a colación el nombre de Tim Burton, pero quizás si hayan más sorprendidos al meter en este grupo a Ridley Scott, pues parece que va comprando papeletas para ello. Prometheus es la Alicia en el País de las Maravillas (2010) de Ridley Scott, un film impersonal, hueco, en el que solo parece importar los efectos especiales y el 3D, donde el guión es secundario y las cifras de taquilla el único reto.
Como todos sabemos a estas alturas, Prometheus es un film que se engloba dentro del “Universo Alien“, elevado a los altares del cine y denostado por varios cineastas (Ridley Scott, que nos da una de cal y una de arena, James Cameron, David Fincher…) y que se ha visto prácticamente ridiculizado en esos desastrosos crossovers junto a Predator. A pesar de todo Ridley no es tonto, ni mucho menos, y sabe que su Alien, el octavo pasajero (1979) es una de las obras cumbres de la ciencia-ficción ¿Qué hacer entonces? Vamos a coger todo lo que funciona en esta película, lo mezclamos y lo vertimos sin ton ni son en esta nueva entrega, aderezando la mezcla con la mitología del origen de nuestra especie, y, bueno, que la película empiece y termine igual que Alien, por qué no.
Como ya comenté en la crítica de El caballero oscuro. La leyenda renace las expectativas juegan un papel más que importante sobre las sensaciones que nos deja una película determinada. El tan cacareado hype tiene buena culpa de ello, y Prometheus ha sido una víctima fácil. Ridley Scott y su famosa vuelta a la ciencia-ficción, nada menos que al “Universo Alien”, uno de los guionista de ‘Lost‘ y un reparto espectacular eran buenos motivos para crear expectativas. Pero, por desgracia, el film no ha estado en ningún momento a la altura.
Como dijimos, Ridley Scott ha intentado seguir el ejemplo de Alien a la hora de crear su película, pero el resultado ha sido un film sin ritmo ninguno. Muchos me diréis que Alien también peca en este apartado, por lo menos hasta que entra verdaderamente en acción nuestro querido extraterrestre, pero hay varios factores que decantan la balanza. Uno de ellos es la atmósfera claustrofóbica creada en la película de 1979, de la cual no queda ni rastro en Prometheus, y por otro lado la sorpresa. Donde en Alien todo era novedoso, existían giros inesperados (que realmente no te esperabas) y se contaba con una base sólida, un perfecto guión y un buen puñado de personajes bien creados, en Prometheus es todo lo contrario. Los giros de guión son absurdos, las sorpresas conocidas desde el primer momento y el guión, junto con los personajes, de risa.
Y es así, el guión no hay por donde cogerlo, y los personajes rayan lo absurdo. La auto-complacencia de Scott llega a tales extremos que realmente solo está interesado en crear unos trajes de astronauta chulos, un diseño de la nave de la hostia y que todo sea de lo más cool, a nivel puramente estético y visual. ¿El guión? Qué más dará, vamos a meterle cuantos más efectos especiales mejor… Así, encontramos a un personaje que tiene una serie de mecanismos que rastrean toda una cueva, creando un mapa perfectamente detallado del lugar, pero que luego no es capaz de encontrar la salida, donde otros personajes comprenden y explican abiertamente lo que está pasando, por si el espectador no se ha dado cuenta todavía, donde una serie de personajes, supuestamente expertos en una serie de campos, quedan como unos completos ineptos, y donde la muerte (o suicidio heróico) se acepta alegremente en menos de dos segundos, y todavía queda tiempo para un par de frases chulas, y para morir con estilo.
En cuanto a los personajes, realmente solo hay dos a los que Scott les tiene especial cariño, y se nota un poco más el desarrollo de su historia. Hablamos de los personajes que encarnan Noomi Rapace y Michael Fassbender. Como resultado, encontramos ambas actuaciones las más correctas de la película, sin ser ninguna maravilla. En cuanto al resto del reparto, oscila entre la mediocridad y lo relativamente salvable. Especialmente, el personaje de Charlize Theron me resulta absurdo, con un final estúpido y totalmente ninguneado. De Guy Pearce prefiero no decir absolutamente nada, el mismo se retrata en la película. Idris Elba todavía tiene un pase, y es que poco más puede hacer con un personaje tan arquetípico y pobre como el suyo.
En definitiva, una gran decepción del amigo Scott, que ya ha confirmado una segunda parte y se rumorea que finalmente sea una trilogía. Es una pena, porque la historia, en líneas generales, era interesante y podía dar mucho más de sí. Cabe la posibilidad de que se escriba un guión de verdad para la segunda parte, un director que no esté hastiado coja las riendas (Scott en un principio no quería dirigir esta película, solo producirla) y que se haga justicia con ese malo de película que forma parte de nuestra cultura, por derecho propio.














