Retroscopia: Fantasía (1940)

Retroscopia: Fantasía (1940)

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Blancanieves y los siete enanitos (1937) había supuesto un hito en la historia del cine, demostrando que un largometraje de animación de alta calidad era posible, con un estreno que nada tenía que envidiar a las grandes producciones de Hollywood. Desde el estreno de Blancanieves Walt Disney se había convertido en el referente de la animación en Estados Unidos, pero esto era tan solo el principio, no el final. El tremendo éxito económico del largometraje, unido a la explotación del merchandising de la película (algo que venía a sumar al de por sí bestial merchan de Mickey Mouse) supuso el impulso económico definitivo para Disney y su plan de ofrecer una nueva película de animación cada seis meses. O así, más o menos, puesto que los planes no terminaron de salir exactamente como el bueno de Walt quería.

Los siguientes proyectos tras Blancanieves para un laureado Walt Disney (Harvard y Yale le otorgaron títulos honoríficos por su labor con el cine de animación) eran Bambi y Pinocho. Finalmente, dada la complejidad que podía suponer Bambi, tanto a nivel argumental como técnico, fue Pinocho el segundo clásico Disney en ponerse en marcha. Pinocho fue una obra que causó muchos quebraderos de cabeza a Walt Disney y su equipo, tanto a nivel creativo como emocional. Disney tenía la necesidad de hacer algo más grande con Pinocho, que superara a Blancanieves en todos los aspectos. Partió de la creación de Carlo Collodi y se tomó todas las licencias que creyó necesarias. Finalmente, el resultado fue espectacular, con grandes avances a nivel técnico (la acción debajo del agua) y narrativo (cualquiera diría que es una película para niños), pero los continuos retrasos en la producción, sumados al incremento en el presupuesto inicial, una respuesta inferior del público con respecto a Blancanieves y los siete enanitos y la destrucción por la II Guerra Mundial del mercado europeo ocasionaron pérdidas en la economía de los Disney. No obstante, todavía quedaban réditos de Blancanieves, y Walt Disney tenía una ambición que superaba a los largometrajes de animación convencionales: Fantasía.

Fantasía surgió como un cortometraje animado con Mickey Mouse, basado en la sinfonía titulada El Aprendiz de Brujo, con la orquesta dirigida por Leopold Stokowski. No obstante, Disney vio el potencial que tenía la obra tras ver los primeros bocetos, y decidió convertirlo en un largometraje, compuesto de ocho piezas, surgidas a partir de ocho sinfonías de música clásica. Como era costumbre, una vez se enfrascó en el trabajo dio todo de sí, y puso todos los medios a su alcance para realizar la mejor obra posible. Porque Fantasía iba más allá de la animación convencional. Era traducir la música en imágenes, hacerlas converger y elevar ambas disciplinas a la categoría de obra maestra. Al menos, así es como lo veía Walt Disney, porque, ¿Cómo consigues hacer más grande una obra maestra como la Tocata y Fuga de Johann Sebastian Bach, o el Ave María de Schubert?

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Walt Disney quería hacer algo totalmente nuevo, emocionar eludiendo el realismo (algo que ya había logrado con Blancanieves o Pinocho), a través de la abstracción. Quería hacer ARTE con mayúsculas, algo que perdurase a través de los siglos. Contrató a músicos, bailarines, científicos… aunque no todo iba a ser tan fácil. Las producciones de Pinocho y Fantasía se solaparon, y la preproducción de Bambi acababa de comenzar, por lo que llegaron a reunirse más de mil trabajadores en las oficinas de Disney. La necesidad de un espacio más grande, a raíz de estos tres proyectos, fue el germen del mítico estudio de Burbank, un brutal complejo equipado con todo lo necesario para vivir: teatro, gasolineras, gimnasio, restaurante. Fue la verdadera transformación de la empresa de Walt Disney en lo que hoy conocemos, pues hasta entonces estábamos hablando, por así decirlo, de una empresa más familiar y pequeña.

Tras el estreno de Pinocho (Febrero de 1940) ,con todo el equipo ya trasladado al estudio de Burbank, la crítica a los pies de Disney por haber conseguido el más difícil todavía, con una película tan cruda y oscura como Pinocho, y la certeza de que no se iba a recuperar la inversión, se encaró el tramo final de Fantasía. En abril Disney salió a bolsa para asegurar el destino económico de la compañía, y se estuvo trabajando sin descanso en ese ambicioso proyecto para Walt que era Fantasía. Hablamos de una película que se compone de ocho piezas sin unión temática entre sí, con las ventajas e inconvenientes que eso conlleva. La música es el motor principal y la verdadera pieza importante del engranaje, pero la representación que se hace de ella es algo irregular a lo largo del metraje. La pieza de obertura, completamente experimental y abstracta (Disney contactó con uno de los mejores directores europeos, Oskar Finschinger, quien ya había experimentado con figuras abstractas y experimentales anteriormente) es una “dura” prueba para el público más convencional, y prácticamente un tortazo en plena cara para quien esperaba encontrarse algo en la línea de Blancanieves o Pinocho. Una dura losa cuando, además de realizar arte, uno de tus objetivos es conseguir réditos económicos con tu obra. Por otro lado, la película se proyectó en un número muy limitado de salas, por la orden explícita de Disney de que se proyectará únicamente con un moderno y sofisticado sistema de sonido, que había justicia a la novedosa técnica de grabado de audio que había realizado Disney con Fantasía.

Por otra parte, el primer revés con la crítica que sufrió Walt Disney llegó con Fantasía. Como ha ocurrido a lo largo de la historia con muchas obras maestras del séptimo arte, en su estreno la cinta no fue tan bien acogida como ha ocurrido a lo largo de las décadas y con los reestrenos (Fantasía se ha reestrenado infinidad de veces desde los 50, donde ya fue todo un éxito). Se tildó a Disney de pretencioso y de rebajar a la música clásica. Disney, que no era un hombre que se tomase demasiado bien las críticas, reaccionó como suele hacerlo un niño mimado (cosa que no era el absoluto): rechazó toda autocrítica y acusó a los que le criticaban de ignorantes. Pero, ¿Realmente Fantasía tiene tantos defectos?

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Como he comentado antes, es muy irregular, pues aunque su animación es verdaderamente exquisita y tiene multitud de planos icónicos (toda la pieza de El Aprendiz de Brujo, una de las pocas apariciones de Mickey en un largometraje Disney, o el comienzo de El ballet del Cascanueces), sí es cierto que hay algunas partes verdaderamente tediosas, por decirlo de alguna manera. El claro ejemplo está en el polémico segmento de La consagración de la Primavera, de Igor Stravinsky, dedicado a la creación de la Tierra, con una perspectiva científica que no sentó bien al estamento eclesiástico y la gran mayoría creyente norteamericana. Una pieza que nos lleva desde la creación del universo hasta la extinción de los dinosaurios, con algunas imágenes muy poderosas, pero cuya duración y abstracción logran dispersar al espectador. Requiere (como, por otro lado, debería hacer el arte, propiamente dicho) de la atención total y el esfuerzo de espectador para colmar todo lo que ofrece la pantalla. Eso nos lleva a plantearnos, como llevamos haciendo a lo largo de más de un siglo, ¿El objetivo del cine es ser un arte o un entretenimiento? Disney pretendía ambas cosas con Fantasía, y el resultado causa división, todavía hoy.

Las pérdidas de Fantasía (estrenada en noviembre de 1940) fueron todavía mayores que las de Pinocho, y empezaba a quedar en entredicho la viabilidad del sueño de Disney. La primera consecuencia tuvo que ver con la propia Fantasía, puesto que, en un principio, la idea de Walt era la de reestrenar periódicamente la película, cambiando algunos de los segmentos, incluyendo piezas como La cabalgata de las Valkirias, de Wagner, o Pedro y el Lobo de Prokofiev. Posteriormente, con los diferentes reestrenos y el “descubrimiento” de Fantasía por las siguientes generaciones, se recuperó con creces lo invertido (estamos hablando de Disney, obviamente) y se rindió justo homenaje con Fantasía 2000. Pero la inmediato era Bambi y Dumbo, última esta producción que volvió a retrasar a la historia del amable cervatillo anaranjado. Lo veremos más adelante.