Retroscopia: El Gran Dictador (1940)

Retroscopia: El Gran Dictador (1940)

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Con Tiempos Modernos (1936) Charles Chaplin había dado el primer paso hacia una nueva etapa dentro de su cine, que explotaría en El Gran Dictador (1940) y Monsieur Verdoux (1947), realizando las más feroces de sus críticas a través de la sátira y la parodia. Bajo el sello de la productora y distribuidora que él mismo fundó, la United Artists, Chaplin se había embarcado en proyectos cada vez más personales y arriesgados, en algunos casos autobiográficos y, en otros, como medio para expresar sus ideas, sentimientos y creencias sobre lo que estaba ocurriendo en el mundo. Obviamente, en la época durante la cual se rueda y se estrena El Gran Dictador, hay un hecho clave que azota el planeta, la Segunda Guerra Mundial.

El rodaje de El Gran Dictador dio comienzo el 9 de septiembre de 1939, sólo ocho días después de que la Alemania Nazi de Hitler invadiera Polonia y saltase la Segunda Guerra Mundial. La presión a la que estuvo sometido Chaplin durante toda la producción (que comenzó en 1937, cuando desde Estados Unidos no se consideraba a la Alemania Nazi una amenaza) del film fue brutal, comenzando por su propia productora, la United Artists, que había recibido amenazas de boicot. Cabe destacar que Estados Unidos se mantuvo -más o menos- neutral sobre el conflicto hasta finales de 1941. Desde el gobierno se “recomendaba” a Hollywood que se abstuviera de realizar producciones anti-hitlerianas (aunque se dice que el propio Franklin D. Roosevelt mostró su apoyo personal a Chaplin sobre la película). Sea como fuere, Chaplin hizo oídos sordos y continuó adelante, en la que sería su primera película hablada (en las anteriores había utilizado el sonido como un medio más de potenciar el slapstick o la comicidad de sus gags).

The Great Dictator nos muestra una sátira brutal hacia todo lo que representaba la Alemania de Hitler (incluido él mismo), como es el antisemitismo, el nazismo o la guerra. Es una de las primeras películas que muestra, de forma clara, la forma de vida de los judíos en el ghetto bajo el yugo y el maltrato del Tercer Reich. Chaplin no prescinde de su humor visual y sus gags blancos (absolutamente magistral la escena en la que Chaplin afeita a un cliente al ritmo de Brahms), pero El Gran Dictador es su película más serie hasta la fecha. La tragicomedia característica del cine de Charlot no se ve, prácticamente, por ningún lado en esta ocasión. Estamos ante una cinta en la que prima la sátira, que busca ridiculizar constantemente a la figura absurda de Adolf Hitler, a través de su álter ego en el film, el dictador de Tomania, Adenoid Hynkel. Chaplin interpreta este papel, además de encargarse de la interpretación del barbero judío, siendo siempre el foco principal de las dos líneas argumentales de la película. También vemos parodias de Goebbels, el ministro de Tomania Garbitsch -parodia con la palabra inglesa, basura (garbage)- o Benito Mussolini,  el dictador de Bateria, Benzino Napaloni -interpretado por Jack Oakie, quien recibiría una nominación al Oscar por este papel-. La sátira de Chaplin se prolonga hacia los dictadores y la falta de libertad y democracia.

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Como hemos comentado anteriormente, El Gran Dictador es la primera película hablada de Chaplin, pero todavía cuenta (a estas alturas) con mucha influencia del cine mudo, como el slapstick, las miradas a cámara o el humor netamente visual por encima de la palabra. Esta representado, principalmente, en el comienzo del film, ambientado en la Primera Guerra Mundial, que podría formar parte, sin ningún tipo de problemas, de cualquier película muda de Chaplin. No obstante, la genialidad de Chaplin también se aplica a la palabra, como demuestra constantemente con la verborrea de Hynkel en un idioma inventado por Chaplin, muy parecido al alemán. De igual forma, utiliza de forma inteligente el idioma y la traducción como parodia. Ciertamente, Chaplin actúa de una forma más matizada, sin perder ni ápice de su genio, demostrando que se adaptaba perfectamente al sonoro, y que su reticencia inicial venía por sus creencias más que por sus miedos, y es que fue habitual la caída en desgracia de muchos genios del cine mudo con la llegada del sonoro (véase Buster Keaton).

Para el papel femenino principal Chaplin volvería a contar con su tercera esposa, Paulette Goddard, con quien se casaría después de trabajar juntos en Tiempos Modernos (1936) y se divorciarían dos años después del estreno de El Gran Dictador. Son muchos los momentos destacados de este film, pero ninguno, obviamente, como el discurso final, muy criticado en su momento, y que ha pasado a la historia como una de las grandes secuencias de la historia del cine, adaptado y parodiado varias veces desde entonces. Algunas de las frases de ese discurso se han utilizado como eslogan o locución publicitaria. Aunque oficialmente el personaje de Chalot se despide en Tiempos Modernos, el barbero judío es, prácticamente, la resurrección del personaje, del que toma sus elementos principales. Chaplin no había acabado con Charlot, como veremos posteriormente en ese obra maestra que es Candilejas (1952).

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El gran dictador se estrena finalmente en Nueva York el 15 de octubre de 1940, contando, una vez más, con producción (finalmente fue financiada, completamente, de forma personal), dirección, guión, composición musical y actuación principal (por partida doble) de Charles Chaplin. Tuvo una tibia acogida entre la crítica, como le ocurrirá desde entonces, al adentrarse en un terreno mucho más personal con su cine, pero fue un verdadero éxito de público, convirtiéndose en la película más taquillera de Chaplin. Algunos datos curiosos sobre la película son, por un lado, las declaraciones de Chaplin en su autobiografía de 1964, en la que afirmó que si hubiera sabido realmente el sufrimiento y el dolor de los judíos bajo el régimen Nazi no hubiera realizado la película. Por otro lado, a pesar de que la película estuvo tajantemente prohibida en Alemania (como, prácticamente, todo el cine de Hollywood y de Chaplin en particular, al que consideraban, erróneamente, judío), un exiliado alemán que llegó a Estados Unidos y que trabajaba en el Ministerio de Cultura Nazi afirmó que Hitler poseía una copia de la película, y que la vio, al menos, en dos ocasiones. Chaplin comentó que hubiera dado lo que fuese por conocer su opinión sobre el film. Otra de esas pequeñas curiosidades que enriquecen la película es que los carteles que se pueden ver en el ghetto no están escritos en alemán, sino en esperanto, idioma que Hitler censuró por considerarse un complot judío.

A pesar de utilizar su película como arma contra algo tan abominable como la Alemania Nazi de Hitler y la crueldad del fascismo, la realidad es que El Gran Dictador fue otro paso adelante para Chaplin para ser repudiado en Estados Unidos, tachado de comunista, incluido en la lista negra y, finalmente, obligado a exiliarse en Europa. Para finalizar, no puedo más que destacar el hecho de que la película, por razones obvias, no se proyectó en España hasta 1976, tras el fallecimiento de Franco, y es que un dictador siempre es un dictador.

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